jueves, 12 de febrero de 2009
Doll
Después de tantos años volví, un dia lluvioso. Todo estaba tal cual lo había dejado, aunque el olor a humedad y encierro penetraba profundamente mi nariz. Salí al patio trasero y allí estaba, tirada en el piso con sus grandes ojos azules abiertos. Unos gusanos caminaban sobre su pálido rostro ya desteñido por el sol. Me acerqué, y una araña se asomó entre sus rizos amarillos, enredados y sucios. Aún se podían ver las escrituras en su rostro y parte de su cuerpo. Su zapato, el único que llevaba puesto, se encontraba roto en la punta. De su estómago brotaba el relleno. Sus bracitos abiertos, pidiéndome que la lleve a pasear, con el osito colgado de su mano derecha pensaba aún más en mi niñez. La vi y no pude contener esa lágrima que brotó y rodó sobre mi mejilla hasta caer al piso. Ya arrodillada a su lado la levanté y nada me importó. Mi muñeca de porcelana volvió a mis brazos y nunca jamás la dejaré.
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